Flaubert hace un esfuerzo de concisión y se atiene al esquema esencial. Galdós, más espontáneo y mucho más prolijo, se deja llevar por la imaginación y se recrea en los detalles. Flaubert es un notario que da fe de lo que observa y los rasgos patéticos de su descripción más parecen un ejercicio de estilo. Galdós se compromete en la lucha que se lleva a cabo en la cabecera de la pequeña Monina.
Pero lo importante es señalar que estos episodios tienen una función diferente en cada una de las novelas.
En La educación sentimental, la escena descrita sirve para apartar a la señora Arnoux de Frédéric, que estaba a punto de hacerla suya. Ella ve en la enfermedad de su hijo un aviso de la Providencia y decide sacrificar su amor por Frédéric renunciando a él. A Flaubert le interesa, ante todo, el resultado, y por eso cuenta la historia con el distanciamiento que le es propio, para dar sensación de objetividad.
En La familia de León Roch, por el contrario, lo importante es el drama en sí mismo. La muerte de la niña no habría cambiado el desarrollo de la novela. Es la angustia compartida por León y Pepa Fúcar lo que refuerza la atracción mutua y prepara un desenlace que nada tiene que ver con el de La educación sentimental.
En todo caso, Galdós, utilizando los mismos elementos que Flaubert, supo hacer del episodio una creación nueva. Ambos novelistas, aunque tienen una concepción de la novela muy próxima, difieren en su temperamento.
Flaubert y Valera
Entre La educación sentimental de Flaubert y Las ilusiones del doctor Faustino de Valera lo interesante no es la semejanza de algún pasaje, sino la unidad temática de ambas novelas: el fracaso de los sueños juveniles en la edad viril. Este fracaso se entiende como un proceso de desilusión, típico de su generación. Los ideales romántico-liberales de sus respectivos protagonistas fracasan frente a una realidad social sensata, renovadora de sus años de madurez.
Juan Valera comenzó a publicar Las ilusiones del doctor Faustino en folletín, en 1874, el año en que apareció Pepita Jiménez. A pesar de la crítica elogiosa que Clarín le dedicó en su día, la novela, una de las más interesantes de su autor y acaso del siglo XIX español, en opinión del profesor Cyrus de Coster, no tuvo éxito y no se publicó por separado hasta 1970.
El propio título sugiere la filiación literaria de Las ilusiones del doctor Faustino respecto del Fausto de Goethe, que Valera tradujo en parte al español, pero hay muchos detalles que las diferencian. Fausto es un filósofo envejecido, obsesionado por el conocimiento, que quiere someter a su servicio el mundo sobrenatural. El doctor Faustino es un abogado mal formado, con grandes aspiraciones idealistas, pero sin ninguna capacidad para realizarlas. Fausto camina hacia la decadencia de sus sueños de filósofo y de artista, lo mismo que de su acción política.
Ya Clarín señaló en su época el paralelo entre El doctor
Faustino y el tipo acabado de novela de la desilusión que es La educación sentimental. Ambos escritores coinciden en la concepción de la novela como la historia de una generación. Valera dice que quiere representar «toda la generación contemporánea mía»; Flaubert define su novela como «la historia moral… de mi generación» —«sentimental» sería mejor. Una generación con ideales románticos, liberales, destinada a cambiar el orden tradicional mediante el progreso político y social, la instauración de la República y del socialismo, pero que carece de energía para hacerlo realidad.
Frédéric y Faustino tienen muchos rasgos comunes: nacen en el primer cuarto del siglo XIX en provincias y se trasladan de jóvenes a la capital; ambos, huérfanos de padre, son educados por sus madres, que impulsan sus vuelos; los dos estudian derecho sin mucho brillo y sueñan con ser filósofos o artistas; buscan el dinero para realizar sus sueños, pero no mediante el trabajo; la educación sentimental de ambos protagonistas aspira al idealismo, pero cae en la vulgaridad; en la vida de Frédéric hay cuatro mujeres, cada una con un papel diferente: la señora Arnoux representa el ideal; Rosanette, la voluptuosidad; Louise, la ingenuidad campesina; la señora Dambreuse, la posibilidad de integración en la alta sociedad. En la vida de Faustino hay tres mujeres: Constancita, réplica de la señora Dambreuse; Rosita con el mismo papel que Rosanette; y María, la enigmática, que parece calcada de la señora Arnoux.
Tanto Frédéric como Faustino salen airosos de un duelo, tienen un hijo natural y no forman una familia estable.
Pero además hay una concordancia de estructuras: la primera parte narra los años de juventud del protagonista; la segunda da un salto de veinte años atrás y cuenta el fracaso definitivo del héroe. En ambas hay un doble escenario: el campo y la ciudad.
Las diferencias formales se deben a las diferentes concepciones ideológicas de sus autores y a las situaciones económicas, políticas y culturales de sus respectivos países.
También difieren los finales de las dos novelas. Frédéric vuelve al pueblo a gastar el resto de su fortuna. Con su amigo Deslauriers hace balance de su vida y ambos llegan a la conclusión de lo absurdo del obrar en un mundo dominado por la necedad universal.
El final abierto de Frédéric contrasta con el de Faustino, que llega a la metrópoli, consigue un empleo modesto y se casa con su inmortal amiga, que en cambio regresa rica de América. Pero Faustino no puede utilizar el dinero de su mujer para realizar sus sueños y rompe el matrimonio. María muere de disgusto, Faustino se suicida e Irene, la hija de ambos, ingresa en un convento.
El fin de Faustino puede parecer más desmoralizador que el de Frédéric, pero tal vez sea porque Valera pretende castigar en Faustino al incapaz de su generación, cuyos fallos cardinales enumera: 1.°) la vanidad científica, la pedantería filosófica, la duda y la incertidumbre; 2.°) el no poder aspirar en política a soluciones de compromiso en vez de perseverar en actitudes radicales; 3.°) la manía nobiliaria, de donde nacen la pereza, el despilfarro y la incapacidad para el trabajo que da riqueza y prosperidad a las naciones.
Valera no se limita como Flaubert a describir la realidad, sino que propone una terapéutica de convicciones sólidas y esfuerzo individual libre de condicionamientos sociales.
Flaubert y Pereda
A la línea de novelas de la desilusión pertenece también el Pedro Sánchez de Pereda, publicada en 1883. Su propio autor narra la experiencia de la vida como una sucesión de desengaños. Es muy posible que hubiese conocido La educación sentimental de Flaubert, pero lo que se puede afirmar con seguridad es que conoció Las ilusiones del doctor Faustino de Valera.
Pereda tiene como modelos literarios de novelas de la desilusión Don Quijote y Gil Blas. Por otra parte, la crítica ha demostrado que Pedro Sánchez contiene además fuertes elementos autobiográficos.
Pedro Sánchez muestra la misma estructura que La educación sentimental y Las ilusiones del doctor Faustino. En la primera parte del texto se narra una fase temprana de la vida del protagonista, unos cuatro años que pasa en Madrid, entre los veinticinco y los veintiocho años; en la segunda parte, más corta, se descubre el resto de su vida, sin ningún suceso importante, con lo que el final de la novela queda abierto igual que ocurre en La educación sentimental. Frédéric Moreau y Pedro Sánchez pasan el resto de su vida como jubilados, sin depender de ningún trabajo y sin aspirar a ningún éxito en la sociedad. Esta división del tiempo se corresponde, como en Flaubert y en Valera, con un espacio bipolar.
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